22 feb. 2010

Reflexión sobre la Expresión

Hay tantas cosas que uno quiere decir y no se anima. Cosas buenas o malas, bonitas y feas, gritarlas o susurrarlas, decirlas de una única manera o reformularlas cuantas veces se pueda en distintas formas. Sí, son demasiadas cosas para decir, halagos, inquietudes, críticas y sentimientos varios, entre otros.
Aquí entran los consejos de la gente que nos rodea, las palabras de apoyo, las curiosidades dispuestas por la razón humana, las expresiones de libertad de cada uno respecto a creencias e ideologías, y no olvidemos las punzantes declaraciones de amor, que supongo, es el discurso más difícil y vergonzoso para expresar.
Uno puede pensar que me salteé el hecho de decir a alguien que no se lo tolera, o que sus acciones no son nada para celebrar y que son detestables. Pero aquí es donde entra mi extrañamiento: qué facilidad tenemos para remarcarle a una persona sus defectos y malas actitudes, qué poco nos cuesta demostrar rechazo, y cuánto nos hace falta para tomar valor y decirle a alguien cuanto lo apreciamos, sea quien sea. Creo que es irónico que nos avergüence decirle a una persona algo que sabemos la va a poner feliz, y por ende, nos vamos a poner felices también nosotros. ¿Por qué será que necesitamos tener cierta confianza con el otro para poder expresarle nuestros sentimientos positivos?
Pero, incluso en una relación donde hay tanta confianza, noto que es difícil y embarazoso decir una mínima palabra o frase que connote cariño y felicidad; sabiendo ya que es lo mejor que podemos decirle a una persona, y que esa palabra o frase es lo que más deseamos todos nosotros que nos digan una y otra vez.
Pienso que sería muy lindo y productivo que todos pensemos en esto de vez en cuando y tratemos de decir todo cuanto sentimos, sea lo que sea. Y si vos, sí vos, me querés contar algo o comentar al respecto, con muchas ganas voy a esperar tu valioso comentario.