15 oct. 2012

Allá y Acá, y Ningún Lugar.

Hay cosas que vienen y se quedan, otras que vienen y se van, hay cosas que pasan de largo y otras que ni siquiera llegan, que son como historias de antaño que nos contaron en nuestra niñez, algo así como mitos. 
También hay lugares. Lugares a los que llegamos, nos vamos o nos quedamos, lugares que sólo vemos su cartel de bienvenida, pero no son nuestro destino y lugares a los que nunca iremos, los cuales se convierten también en ese mito que está más allá de nosotros. También tenemos el lugar al que llegamos en nuestro nacimiento y del que nunca nos movimos, a pesar de estar en otro lugar completamente diferente. 
Todo en la vida es un sin fin de idas y venidas, de estancamiento y a la vez de movilización. Recorremos distintos caminos, distintas distancias y sin embargo siempre estamos en el mismo lugar, el lugar al que pertenecemos. Es nuestro corazón el que se queda allí. 
Cada uno de nosotros se mueve por diferentes lugares, rutas y momentos. Nuestros pensamientos incluso tienen el mismo funcionamiento, pensamos a toda hora y en todo momento, pensamos una cosa, otra cosa, pensamos lo contrario a lo que veníamos pensando, enviamos pensamientos y también los recibimos.
Todo es un ir y venir de energía que fluye en nuestro derredor, entre nosotros y en nosotros. Cada pequeña y gran acción de estas es lo que nos hace, nos forma y nos mantiene. 
Yo se que todos y cada uno de nosotros pensó en esto aunque sea una vez.
Y quizás, ustedes no entiendan el por qué de esto que escribo ni encuentren una conclusión, sinceramente, ¡yo tampoco! Tal vez, porque yo también sea un mito.
En todo caso, ¿no lo serán también ustedes?

20 sept. 2012

Sesión de diván


-Sí, allí es a donde quiero ir. ¡No! Un momento, no. No estoy tan seguro ahora. Recuerdo haber estado ahí, no sé si en esta vida o en otra, pero sé que estuve ahí. ¿Cómo es que lo sé? No tengo ni idea, ¿sabés? Pero cuando veo las fotos, muchos recuerdos vienen a mi cabeza, recuerdos de cuando era niño. Pero era otro niño, diferente al que todos veían, algo más grande y robusto, quizás con una piel más oscura. Recuerdo que yo tenía una pequeña obsesión con los sonidos y las imágenes; oír y observar era lo único que hacía.
-¿Y acaso tenés idea de quién puede ser este chico que aparece en tu mente?-.
-Claro, soy yo. Mi yo interior… Desde que tengo memoria supe que, mi interior no es lo que mi cuerpo físico muestra. A los ojos de la gente, a los lentes de las cámaras, soy esto que ves, pero que yo no puedo ver ni saber cómo es. De niño y aún hoy, al verme en un espejo, veo a la persona que vive dentro, no lo que los demás ven.
                Veo y siento de otra manera, me muevo y pienso de otra manera; a veces me gusta pensar que soy una especie de superhombre. Pero resulta que no, que soy todo lo contrario. Entre tanta filosofía interna, descubro que no soy más que otra persona común y corriente, llena de defectos, problemas y necesidades. Me doy cuenta de que tengo sentimientos y que soy tan vulnerable como cualquier otro ser humano-.
-¿Podrías decirme qué es esto que te hace dar cuenta de cómo sos en verdad? Me gustaría que me digas si tenés una idea clara del por qué o si simplemente es algo que sentís. Dejás de sentirte ese superhombre que decís, ¿por alguien, o simplemente pasa?-.
-Es por alguien, totalmente. No importa cómo esté yo conmigo mismo, una sola persona puede cambiarme considerablemente de un instante a otro. Desde el primer momento que nos encontramos supe que algo de esto iba a suceder. Y lo que se ha manifestado dentro de mí en este tiempo, es una mezcla de felicidad, rabia, ternura y tristeza. ¡Qué increíble cómo una persona puede causar tantas cosas dentro de uno, y sin ella saberlo! Esto me hace pensar entonces, que no puedo culparla por lo que dentro mío sucede-.
-Es bueno que puedas hacer esa reflexión. Mucha gente no puede hacerlo, piensan que por más que esa persona no sepa lo que causa en uno, deben detestarla y hacerle sufrir. Pero no es así. Esa es la forma del cobarde y es la que más daño termina haciéndonos. Tu opinión, la forma correcta de encarar esto, de a poco logrará apaciguar los disgustos que tengas respecto a esta persona-.
-Entiendo, pero no les llamaría “disgustos respecto a”, jamás. Si bien son cosas que me duelen por dentro, no puedo llamarles así. Nuestra relación es simple, una amistad un tanto repentina teniendo en cuenta el poco tiempo de conocernos, pero firme. Aunque dentro de mí, como es obvio, va más allá de una simple amistad. No es sólo por su belleza y su personalidad, sino por el hecho de cómo me hace sentir en los momentos que compartimos, así sean únicamente dos palabras. Y la buena onda y la disposición del uno al otro son mutuas, dando lugar a que a veces  crea que no era yo quien buscaba algo más, pero siempre concluí en que eso era solo una ilusión mía y nada más.
Por más que lo haya tratado, no encuentro el modo de poder decirle lo que pasa dentro de mi cabeza, simplemente no puedo. Nunca antes me preocupé tanto por el rechazo de alguien-.
-Ahí es donde entra tu rabia, ¿no?-.
-Efectivamente. Creo yo que inconscientemente no quiero decírselo, quizás porque preferiría dejar las cosas como están y tratar de olvidar todo, sabiendo que me hace sentir de una forma tan especial. Y eso es lo triste. Pero en verdad necesito decírselo. Necesito que sepa que simplemente muero por un beso suyo, que anhelo su nariz junto a la mía. El muchacho dentro mío no deja de hablarle y es el que trata de decirle todo lo que siento; mi yo “externo” trata de apaciguarlo, sólo oye y observa. La mira detenidamente pasando por todo su cuerpo, y se fija en su boca y sus ojos una y otra vez. Oye todo cuanto sale de su boca y trata de quedarse con cada sonido, hasta el más mínimo suspiro. Mi ser interior estalla, nadie lo ve, sólo yo. Y estalla de nuevo en un acto de éxtasis violento e insostenible, pero sólo por dentro, mi exterior parece un tanto calmo, trata de contener la guerra dentro de él-.
-Es algo así como una doble personalidad lo que me contás, una personalidad intelectual que desde adentro trata de emerger y tomar el control sobre la personalidad corporal. Pero a su vez, se nota que es sólo una persona. Analíticamente sabés todo lo que sucede dentro tuyo y muy bien, pero se te hace difícil hacer lo que realmente querés, en esta situación que me comentás-.
-Sí, tengo cierto control sobre lo que pasa dentro y fuera de mí, pero a veces todo se torna extraño en mí. Cuanto más me convenzo en dejarla ir, más necesaria se vuelve; cuando pienso que nada puede pasar entre nos, ella reaparece y yo no dudo en seguir la corriente. Me convierto en un círculo vicioso que hace me desgarre todo en mí, llena mi corazón de adrenalina, satisfacción y luego perdición. Cada segundo de su presencia hace bombear mi corazón con más fuerza y borra de mi mente todo problema, pero siempre, siempre hay algo que me impide que eso sea eterno, siempre algo que ella dice desconecta la máquina que me mantiene.  Luego medito y pienso en que se merece lo mejor de lo mejor, y que lo mejor que yo puedo hacer es darle lo poco que tengo para ofrecer, porque a fin de cuentas, sé que cuando doy, de una u otra manera, en esta vida o en otra, mi entrega será recompensada. Al ver su sonrisa frente a mi rostro, me digo “esta es recompensa más que suficiente para mí”. Y bueno, pensar esto es lo que me mantiene firme y me devuelve un poco de mi cordura perdida entre tanto revuelo interno de mi feliz, triste, rabiosa y enternecida alma. 

26 ago. 2012

Entre Ficción y Realidad, análisis del otro lado del espejo.

Desde hace semanas, lo único que hago es pensar y pensar, vivir por inercia, pero siempre pensando. Medito, me miro al espejo, pongo música, abro una cerveza, como algo, pero sigo pensando. ¿En qué? En tantas, pero tantas cosas, que terminan por cancelarse unas a otras como si fuesen frecuencias (quizás, de alguna forma, nuestros pensamientos son una especie de frecuencias), mi mente queda en blanco y vuelve a llenarse de colores, de ideas, pensamientos, alegrías y tristezas. Pero siempre hay un destello solar y fugaz que se repite entre tanta obscuridad que veo. Suerte para mí, que esto me indica algo bueno, o al menos eso es lo que me gusta creer.
Es curioso, el espejo funciona como una especie de prisma donde uno es la luz que lo atraviesa y la imagen que ve es el espectro de colores, el detalle de cada parte de nuestro ser.
Vuelvo a verme en él, pero mi rostro indiferente no es lo que veo ahora, si no mis manos. Mis manos secas y lastimadas, con millones de líneas que forman figuras que todos los días veo y nunca les dí mi atención. Una ampolla en una palma, algo como una verruga seca si se quiere, en la otra, y una astilla que parece nunca haber querido irse. Manos en fin, pero un par de manos que aún no tienen la costumbre de tener a alguien, alguien que más allá de no pertenecerles, puede ser un privilegio tener. Y ellas me preguntan ¿por qué?  Y simplemente les contesto que no sé, será que estamos mejor solos, pero en el fondo, bien en el fondo de mi cuerpo frío, a veces sé que no es así. ¿Me importa? Sí, claro. Por ahí no tanto como antes, el haber aprendido a vivir conmigo mismo y mi existencia hace solo un par de años, me ha dado una visión nueva de mi ser, pero como he demostrado en ocasiones anteriores, creo fielmente en el complemento que puede ser alguien más.
Y así, sin más que decirles, creo que finalmente he descubierto un nuevo yo que me ha permitido seguir adelante con las tantas cosas que me propuse en estos tiempos, cuando estuve a punto de abandonar todo.
¿Y ustedes, alguna vez tuvieron esa sensación de llegar a alguna cercanía, aunque sea mínima, de autorrealización, pero sin saber cómo ni por qué?