20 jul. 2008

Para los Amigos.. Feliz Día!!!!



Bueno esto va para todos los amigos que siempre están, una síntesis de lo que veo como una amistad, una relación mutua con los mismos sentimientos de las dos partes.



Carta para un Amigo

Quiero levantar tu ánimo
Y que me ayudes a sobrevivir
En este mundo
Que no te supe compartir

Dejando pasar los días
Mi mente aclama tu estadía
Dejando pasar las noches
Mis sueños piden tus reproches

No siento felicidad ni furia
Competencia ni amargura
Me gusta tu natura
Me quedo con tu textura

Si ya no es un aliado
Solo quiere destruirte
Sin importar cuanto
Puedo estar para cubrirte

No me olvides
Aún recuerdo tu propósito
No debo perderte
Tenés la clave para sacarme
De este mundo sobrio

5 jul. 2008

La Música


Este es un escrito que me dió mi abuelo hace unos días sobre la música.. Es un texto con un sgnificado muy cierto, y creo que es sobre todo para entendidos en ciertos aspectos..

El goce de este arte es el más exquisito de todos. No hay ninguno que obre más directa y profundamente sobre la verdadera naturaleza del mundo. Escuchar grandes y hermosas armonías, es como un baño del alma: purifica de toda mancha, de todo lo malo y mezquino, eleva al hombre y le pone de acuerdo con los más nobles pensamientos de que es capaz, y entonces, comprende con claridad todo lo que vale, o más bien, todo lo que pudiera valer.
La invención de la melodía, el descubrimiento de todos los más hondos secretos de la voluntad y de la sensibilidad humana, esto es obra de genio. El compositor revela en su música la esencia más íntima de su alma y del mundo.
Así como hay en nosotros dos disposiciones esenciales del sentimiento, la alegría y la melancolía, así también la música tiene dos tonalidades generales correspondientes, el sostenido y el bemol, y en verdad, ¿no es extraordinario que haya un signo para expresar el dolor, sin ser doloroso físicamente y sin embargo, tan expresivo que nadie puede equivocarse, el bemol?
Lo que hay de íntimo e inexplicable en toda música, lo que nos da la visión rápida y pasajera de un paraíso a la vez familiar e inaccesible, que comprendemos y no obstante no podríamos explicar, es que presta voz a las profundas y sordas agitaciones de nuestro ser, fuera de toda realidad, y por consiguiente sin sufrimiento.
Las frases cortas y claras de la música de baile, de aires rápidos, solo parecen hablar de una felicidad vulgar, fácil de conseguir.
Por lo contrario, el ALLEGRO MAESTOSO, con sus grandes frases, sus anchas avenidas, sus largos rodeos, expresa un esfuerzo grande y noble hacia un fin lejano, que se concluye por alcanzar. El ADAGIO nos habla de los sufrimientos de un grande y noble esfuerzo, que menosprecia todo regocijo mezquino. Pero lo más sorprendente es, como ya dije, el efecto del bemol y del sostenido ¿No es asombroso que el cambio de un semitono, la introducción de una tercera menor, en lugar de una tercera mayor, de en seguida una sensación inevitable de pena y de inquietud, de la cual nos libra inmediatamente el sostenido? El ADAGIO en bemol se eleva hasta la expresión del más profundo dolor, se convierte en una queja desgarradora.
La música de baile en bemol expresa el engaño de una dicha vulgar, que hubiera debido desdeñarse. Parece describirnos la persecución de algún fin inferior, obtenido al cabo de muchos esfuerzos y fastidios.
Una sinfonía de Beethoven nos descubre un orden maravilloso, bajo un desorden aparente. Es como un combate encarnizado, que un instante después se resuelve en un hermoso acorde. Es una imagen fiel y cabal de la esencia del mundo, que rueda a través del espacio sin premura y sin descanso, en un tumulto de formas sin número que se desvanecen sin cesar. Pero al mismo tiempo, a través de la sinfonía, hablan todas las pasiones y todas las emociones humanas, alegrías, tristezas, AMOR, odio, espanto, esperanzas con matices infinitos, y sin embargo, enteramente abstractos, sin nada que los distinga unos de otros con claridad. Es una forma sin materia, como un mundo de espíritus aéreos.
Cuando oigo música, mi imaginación juega a menudo con la idea de que la vida de todos los hombres, y de la mía propia no son más de un espíritu eterno que sueños, buenos o malos sueños, de que cada muerte es un despertar.