2 ago. 2009

El Camino de la Vida -Pt.I-



Bueno! Luego de una larga ausencia por estos pagos de Blogolandia, reaparezco con la primera parte de lo que es hasta ahora mi escrito más extenso, que vengo produciendolo desde hace un poco más de un mes. Es una visión personal de como se dan los acontecimientos de la vida, desde un lugar más espiritual e interior. Y bueno, espero que les guste esta primera parte de mi reaparición!!
Atte. Captain D. Space

“¡Qué obra maestra el hombre! ¡Cuán noble por su razón! ¡Cuán infinito en facultades! En su forma de ser y movimientos, ¡cuán expresivo y maravilloso! En sus acciones, ¡qué parecido a un ángel! En su inteligencia, ¡qué semejante a Dios! ¡La maravilla del mundo! ¡El arquetipo de los seres!”
William Shakespeare

“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espera algo de nosotros. Dejemos de interrogarnos sobre el sentido de la vida y, en cambio, pensemos en lo que la existencia nos reclama continua e incesantemente. Y respondamos no con palabras, ni con meditaciones, sino con el valor y la conducta recta y adecuada. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la existencia nos plantea, cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno en cada instante particular. Esas obligaciones y esas tareas, y consecuentemente el sentido de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de forma y manera que resulte imposible definir sentido de la vida en términos abstractos. Jamás se podrá responder a las preguntas sobre el sentido de la vida con afirmaciones absolutas. Vida no significa algo vago o indeterminado, sino algo real y concreto, que conforma el destino de cada hombre, un destino distinto y único en cada caso singular.”
Viktor Frankl


“Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón, cualquier camino que tenga corazón. Por ahí yo recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. Y por ahí yo recorro mirando, mirando, sin aliento.”
Don Juan Matus


El Yo, historia personal, libertad, sentir, escuchar, aprender, comprender, claridad, amar, significar, camino con corazón, sentido, enseñar, perdonar, olvidar, metas, perseverar, triunfar.
El Nacimiento, el Yo, la creación de un nuevo y único libro. Una fase que da comienzo a una nueva Historia Personal y trae modificaciones en la historia personal de otras personas. Esta historia es la que dice quiénes somos, nuestra verdadera historia, una que sólo nosotros la conocemos bien, y que no esta en conciencia de nadie más. Es la que no debemos hacer pública, sino que debe ser privada, solamente nuestra. Esa historia es la esencia del ser humano, la que lo hace único e irrepetible, es nuestra quintaesencia propia y extraordinaria.
Pero de nada nos sirve esta historia personal si no buscamos y encontramos la Libertad. Una libertad que nos abre las puertas al inicio de nuestra formación sentimental, espiritual e intelectual; libertad de abrir la mente para continuar con nuestro proceso evolutivo individual. Si no incorporamos esto jamás seremos el ser brillante que Shakespeare ovaciona anteriormente… si bien actualmente estamos algo lejos de ser ese “arquetipo de los seres”.
Una vez adquirida esta libertad ya estamos listos para comenzar a percibir, apreciar, descubrir: Sentir. Me refiero a la percepción de todo, todos y nosotros mismos. Una percepción etérea e impalpable, que accede a dejarnos recibir todo lo que los demás tienen para decirnos, mostrarnos; cuando empezamos a sentir, escuchamos. Escuchar no sólo es necesario para ayudar a otros con sus conflictos y oír propuestas, también es hacer caso a los retos, o mejor dicho, consejos, de parte de nuestros padres, jefes o cualquier otra figura de imponencia o no. Y esta forma especial de escuchar es la que nos lleva a un nuevo nivel: Aprender y Comprender. (Si bien voy a analizarlos por separado, creo que el comprender nace como una segunda parte del aprender y deben ser nombrados en conjunto, aprender y comprender no son niveles idénticos, pero si familiares).
Desde muy chicos comenzamos a aprender las cosas de la vida, ¿o no? La curiosidad lleva a los niños querer saber todo sobre todo, los impulsa a querer llegar a ese horizonte que pareciera infinitamente lejos, y en verdad, ese horizonte de máximos conocimientos es infinito para todos nosotros. Cuando empezamos a sentir, automáticamente arrancamos con nuestro aprendizaje, a obtener nuevos conocimientos, en el colegio, en casa, en la calle, en nuestras propias mentes (instinto intelectual en cierta manera) y aprendemos que el escuchar para ayudar no basta. Automáticamente que adquirimos estos saberes, aparece la comprensión, que en todo este desarrollo de aprendizaje, sólo tenía ojos para observar, pero no mente para actuar. Este factor, el comprender, es el elemento indispensable para entender nuestros conocimientos, las personas, las sociedades, la naturaleza y para entendernos nosotros mismos. Aquí hallamos que debemos comprender a los demás para poder ayudarlos, y no solo escucharlos; entendemos porque hacemos las cosas de tal o cuál manera, comprendemos que no sólo a nosotros nos suceden cosas ingratas, o por lo menos en la mayoría de los casos. Y aquí parados hacemos el gran salto en este proceso: concebimos la Claridad.




La diafanidad de mente y acto; esta dice presente cuando todo lo que nos forma se acomoda. Cuando la comprensión llegó al 100% de absorción, la claridad aparece mostrándonos nuestra realidad y una cierta “visión” del futuro. Está explícito qué es lo que tenemos pensado hacer en el resto del camino, si bien no creo que descubramos aún cuál es nuestro fin en el mundo. Ya tenemos la claridad necesaria para tomar las decisiones que nos visitarán en el resto del viaje.
Aclaro que muchos saltean algunos niveles, hay desdichadas personas que no pueden realizar algunas cosas, otras, personas un tanto incongruentes, saltean por voluntad propia; pero creo que nunca se puede cambiar su orden. Otros nos estancamos en alguno de ellos, especialmente en la claridad. Los que logran atravesarla y no quedan en ella, tienen gran parte de su ser, y aquí es cuando su claridad bien usada les permite encontrar el motor de los siguientes niveles y de su propia historia personal: el Amar. El amar es fácil de describir simplemente por su propia complejidad. Nos completa, es el levantarse cada mañana y saber que hay alguien esperando por nosotros. Es lo que nos permite tener una visión más clara de todo, como también no tenerla y estar cegado. Por eso el amor no siempre puede ser tan bueno, pero cuando se tiene y se ama, puede ser lo más extraordinario en la vida del ser humano. Pero este amor también es dirigido a ese conjunto de personar de nuestro alrededor que siempre está; familia, amigos, colegas, y mascotas inclusive. En fin, llena el espíritu de cada uno de nosotros, y aunque en algunos casos sea algo muy complejo de descubrir, el amar nos llegará a todos algún día. Y cuando amamos, significamos, al amar sentimos que nuestro vacío existencial desaparece, y comenzamos a Significar. Al saber que gozamos plenamente de alguno de los “formatos” de amar mencionados anteriormente, significamos, sentimos que ya estamos preparados para lo que sigue, continuar nuestra historia personal. Estamos abiertos a avanzar a lo que nos deparará el día a día, y seguramente tendremos el apoyo de los otros; si bien nuestra historia es personal, la construimos con muchos aportes de nuestros seres queridos y no necesariamente queridos. Significar nos permite ver quienes somos para profundizar y avanzar en nuestra carrera y así llegar a ese fin que tanto anhelamos.
Y cuando probamos que significamos, aquí es donde más debemos abrir los ojos, porque llega el momento en el que en cierta manera decidimos que ruta tomar, elegimos nuestro Camino con Corazón. En esta fase aparecen varios caminos, pero hay solo pocos o solamente uno con corazón. Ese es el que debemos elegir, sino, todo lo vivido hasta ahora sería en vano y no hay manera de corregir la decisión. El transitar este camino, es decir, el camino correcto, nos puede asegurar un triunfo indudable. Y este camino con corazón es el que da Sentido a nuestra vida. Este sentido, podría decirse que cumple con tres tareas: dar valor a todo lo que nos rodea y a nosotros mismos; es el sentido correcto que debemos tomar en nuestro camino; y por último, es el sentido que encontramos nosotros para nosotros mismos y nos acerca a la respuesta de la pregunta del millón:

“¿Cuál es mi posición en esta vida?”