1 may. 2009

Folklore Celta - Edición I




Hoy simplemente voy a subir el primero de mis tres cuentos celtas favoritos, másadelante entregaré los otros dos.
Éste en particular, lo aprecio mucho porque es uno de los primeros que conocí, y el que más me gustaba a la temprana edad de 10 años. Actualmente, el año pasado nos salvó a mi y a alguien más el pellejo en un trabajo de Lengua, en el cual debías inventar algo que contenga cierto tipo de oraciones; sólo tuve que buscarlas y acortar el texto, honesto, ¿no?
¿A qué viene esto? A mi momentánea escasés de inspiración, y a una regresión hacia mi infancia, en mi primer contacto con la cultura y folklore irlandeses, cultura que actualmente se me ha impregnado, formado parte de mí, y para los que me tienen en vista, parte de mi barba.


Esta serie de tres cuentos celtas será dedicada a dos personas, de las cuales no diré nombre alguno, para mantener su anonimato, y mantener alejados a los paparazzis...
Entonces, dejo a su disposición "La Carta Del Duende":


Se sabe que a los duendes no le gustan los cristianos y, mucho menos, las iglesias. Cuando los hombres erigieron una en Kund, las campanas que tañían empezaron a molestar a una de esas criaturas que vivía por ahí, porlo que no tuvo otro remedio que mudarse a Funen, donde se instaló.
Pasó el tiempo y, una vez, se encontró con un hombre de Kund a quien conocía. Después de saludarlo y preguntarle por cada uno de los vecinos, se despidió, pero inmediatamente volvió sobre sus pasos, tomándose la cabeza, como si se hubiera olvidado de algo.
-Disculpa la molestia -dijo el duende-, pero acabo de recorder que tengo aquí en el bolsillo una carta para un amigo. No te doy su dirección y te pido que no la abras. Te la pongo en el bolsillo para que la arrojes por arriba de la pared del camposanto de la iglesia de Kund, que allí mi amigo la espera.
-No hay problema -dijo el hombre-. Cuando vuelva a Kund la arrojaré por encima de la pared del camposanto.
Después se despidieron.
Sin embargo, ya en Kund, el hombre se olvidó del encargo y el tiempo pasó.
Cierto día, en la pradera de Tüs, el hombre se acordó súbitamente de la carta y, aunque también recordó la recomendación del duende de que no la abriera, la sacó del bolsillo y la miró. En el sobre, en efecto, no había dirección. El hombre la sacudió un poco y, de uno de los bordes, cayeron unas gotas de agua. La sorpresa se volvió curiosidad yla curiosidad pudo más que la prudencia. Entonces, abrió el sobre del que empezó a manar un poderoso torrente. Aterrorizado, el hombre soltó la carta y empezó a correr para salvarse.Tuvo suerte de escapar, porque en pocos minutos la pradera se inundó hasta convertirse en un lago.
Por fortuna, el hombre olvidó cumplir su promesa. Vengativo, el duende había encerrado las aguas en el sobre y si su perverso designio se hubiese cumplido, la iglesia de Kund y quizás todo el pueblo estarían anegados como la pradera de Tüs, que hoy es un lago.